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Es este, quizá uno de los pasos de historia más confusa y peor conocidos de las procesiones vallisoletanas. La mejor descripción se debe al historiador Manuel Canesi, "Joseph Abarimathia, y Nicodemus, con Christo difunto en los vrazos, quando le baxaron de la Cruz, la que está a su vista, y la Magdalena, y otra figura abriendo el Sepulchro". La identificación de las figuras que componían el grupo no parece presentar muchas dificultades. En 1803, la comisión de la Academia, inventarió en San Antón, sede de la Cofradía de la Piedad (según el documento publicado por Agapito y Revilla), además de San Juan, Magdalena, Cristo Crucificado, Longinos, etc., "dos estatuas Grandes en actitud de meter a Jesucristo en el Sepulcro.." y, el mismo autor señala que en el Museo se conservan las que representan a José de Arimatea y la cabeza de Nicodemo, además de un grupo formado por la Virgen, San Juan y la Magdalena, que él relacionaba con este paso. Ya se vio que estas tres figuras no corresponden al mismo grupo, sino que la Virgen y San Juan deben ser restos del paso de Longinos (se ha señalado que no miran hacia abajo, sino al frente y hacia arriba; además, Canesi no las cita en el Enterramiento, mientras que sí las señala en el paso de la Lanzada); En síntesis, la historia del paso es la siguiente: en Cabildo de 12 de mayo de 1630 se acuerda hacer un paso nuevo y se encomiendan las gestiones pertinentes a los alcaldes, el pintor Tomás de Prado y Pedro de Luna y el escribano de la cofradía, Diego de Medina, los que en la siguiente reunión informan que habían tratado con Gregorio Fernández y Andrés Solanes y que se había hecho un modelo de cera; la cofradía otorga poder a las tres personas ya citadas y a Juan de Rueda, Antonio Bazan y Antonio López Calderón, para concertar y firmar las obligaciones con ambos escultores, con los que se juntaron en casa de Gregorio Fernández y, de acuerdo con éste, repartir la ejecución del conjunto; en 30 de mayo se informa de todo ello y se agradece a las "seis personas a quien el cabildo lo había cometido", de lo que deduce Agapito que en el paso intervendrían seis escultores; creo que el agradecimiento es a los seis cofrades que lo habían gestionado. Se empiezan a recoger limosnas para hacer frente al gasto, todas en metálico, excepto el ofrecimiento de Francisco Solanes (hermano del escultor) y Pedro Fernández, ensambladores, que prometen hacer el tablero, dándoseles la madera. En otros cabildos posteriores se sigue tratando de recoger limosnas, y en junio de 1632, Tomás de Prado, se ofrece a dorar, pintar y estofar el paso, siendo por cuenta de la cofradía el oro y los colores. Pasan los años y en 1642 se informa que se estrenaba un paso; en la planta de la procesión de 1644 figura como "Passo nuebo", y hasta la de 1649 no aparece como "passo nuevo del Entierro». Realmente, a veces se podría pensar que la documentación se refiere a más de un grupo, por lo dilatado de su ejecución; sin embargo, no tenemos actualmente ningún dato que lo apoye y, por tanto, hay que aceptar que el paso concertado en 1630 con Gregorio Fernández y Andrés Solanes era el Entierro de Cristo que debe corresponder a la descripción de Canesi, del que se conserva parte en el Museo Nacional de Escultura (Cristo, la Magdalena, Nicodemo y la cabeza de José de Arimatea). Otro problema distinto se refiere a la autoría de las figuras. De la documentación parece deducirse que el grupo se haría bajo la dirección de Gregorio Fernández y, posiblemente a él se debiera el modelo de cera, repartiéndose el trabajo entre éste y Andrés Solanes. Ignoramos si Fernández antes de su muerte, en 1636, había terminado alguna figura, y habría que suponer que Solanes se encargaría de terminar el conjunto; es significativo que en el mismo año que se indica que se va a estrenar el paso (1642), este escultor ingresa como cofrade de la Piedad. Desgraciadamente, sólo se conoce una obra documentada de Solanes, la Santa Teresa, de San Vicente de Zamora (1629), ofreciendo pocas posibilidades de comparación. Las dos figuras que llevan a Cristo (presumiblemente sobre una sábana, que sujetaría Nicodemo hacia la cabeza y José de Arimatea hacia las rodillas: la posición de las esculturas así parece exigirlo), proceden directamente de los Varones del Descendimiento de la Vera Cruz, aunque intercambiando de personaje algunos de talles, como los gorros; la simple observación visual hacen ahora innecesaria la enumeración de todos los elementos que se repiten; esta comparación obliga a variar la identificación iconográfica que hizo Agapito; como en el paso de la Vera Cruz, Nicodemo es la figura barbada. El Cristo sigue, igualmente, modelos de Fernández; el rostro ancho parece corresponder a los tipos usados ya a partir de 1630. Estas tres figuras presentan bastante unidad estilística y técnica: es de señalar la talla del pelo, cuyos mechones se subdividen con incisiones en forma de media luna, con bordes sin suavizar y que parecen hechos con dos golpes de gubia. Otros detalles siguen relacionando estas esculturas de la cofradía de la Piedad con obras de Gregorio Fernández y su taller: la forma de los pequeños mechones cortados horizontalmente, que se escapan bajo los turbantes, presentan una técnica similar a la utilizada en el San Isidro de Dueñas, o Santo Domingo, del convento de San Pablo, o San Francisco Javier, etc. Sin embargo, no creo que se pueda pensar, en ningún momento, que este Cristo y los dos varones sean obra personal del maestro; más bien se debieron hacer en su taller y siguiendo sus modelos. Distinto problema plantea la figura de la Magdalena: las relaciones con modelos conocidos de Fernández son muy lejanas; además de repetir el peinado de la escultura homónima del paso del Descendimiento, y esto con variantes, sólo recuerda a esta misma imagen en la idea de colgar el manto de la nuca, y traer ambas puntas a unirse en la) arte delantera, pasando por debajo de los brazos; por otra parte, es una figura extraordinariamente simétrica y rígida. La cofradía de la Piedad acuerda, en el Cabildo celebrado el 13 de Marzo de 1994, recuperar el paso. La junta de Gobierno, asesorada por el director del Museo, encarga al escultor vallisoletano José Antonio Saavedra la reconstrucción del cuerpo de José de Arimatea... La realiza durante los años 1994 y 1995, siendo este último año en el que se procesiona nuevamente. La Imagen es procesionada el Jueves y Viernes Santo.
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